La vida en sí misma es como una escalera. Desde pequeños nos empiezan a enseñar como subirlas poco a poco sin tropezar, ni caer estando siempre aferrados a la barandilla. Con el tiempo nos vamos soltando y nos damos cuenta que sin cogernos las cosas son mucho más difíciles, puedes caerte una, dos y tres veces. Pero con cada caída aprendes una cosa nueva que te ayudara en el próximo paso que des, para así no caer del mismo modo. Hay puntos en esa escalera en los que notas que esta tiembla, que es inestable, que te caes y que no te podrás levantar. Pero gracias a las caídas anteriores te has ido haciendo fuerte y has podido parar los temblores e inestabilidades que te producía cada peldaño. Hay momentos en los que notas que un peldaño es más grande que el anterior, que encima de el la vida se ve de otro color más especial, que te aporta mayor felicidad y más seguridad. En cambio, en otro te sientes inferior a pesar de estar subido a él, sientes que no podrás dar un paso más.
Al final esa escalera nos va a llevar a todos al mismo lugar, pero cada persona hará que ese camino sea más fácil o más difícil, más o menos intenso…
Haz que tu vida sea una escalera de miles de colores e intensidades con escalones que te hagan sentirte la más grande del mundo, con peldaños en los que nunca se borren tus huellas porque en ellos dejaste un pedacito de ti. Ahora mismo llevo 20 peldaños subidos en mi vida, cada uno ha sido diferente al interior.
Pretendo seguir subiendo cada año con más energía y haciendo cada uno de ellos más increíble. Es verdad que cambiaria algunas acciones, comportamientos y pensamientos para poder afrontar mejor las adversidades que se pongan en mi subida. Pero lo que nunca cambiaré son las personas que me han ayudado a subirlas. Nunca me cansaré de daros las gracias por estar a mi lado. Nunca os bajéis de mis escalones.
Os quiero muchísimo.
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